Abriendo la biblioteca de Donguibogam...
Abriendo la biblioteca de Donguibogam...

Este contenido es una versión cuidadosamente traducida de los registros médicos tradicionales coreanos (Donguibogam) y sus interpretaciones modernas. Se proporciona solo con fines informativos. Consulte a un profesional de la salud calificado antes de tomar cualquier decisión de salud.
¿Por qué experimentamos este dolor?
"¿Acaso el recuerdo de aquella pesadilla regresa cada noche sin dejarle dormir, dificultándole incluso la vida cotidiana debido a escenas que irrumpen de golpe? ¿Ha sentido que, aun esforzándose por aparentar que todo está bien, su corazón se desboca por la ansiedad y todo su cuerpo se tensa ante el más mínimo ruido? Si ha estado sufriendo a solas con un dolor que no desaparece aunque desee olvidarlo, hoy le ofreceré un cálido abrazo a su corazón."

Queridos lectores, ¿profundizamos un poco más desde la perspectiva de la medicina moderna para ver qué huellas dejan en nuestro cerebro y cuerpo esos recuerdos dolorosos que no se olvidan? El trastorno de estrés postraumático (PTSD) va más allá de una simple herida emocional; es una afección que provoca transformaciones complejas en la estructura y función del cerebro, así como en todo el sistema hormonal. Del mismo modo que el Donguibogam hablaba de la inquietud del espíritu y el desorden del qi, la ciencia moderna lo explica mediante el desequilibrio en regiones cerebrales específicas y neurotransmisores. En primer lugar, en el cerebro de los pacientes con PTSD, la amígdala suele hallarse hiperactivada. La amígdala es el órgano central del cerebro que detecta amenazas y procesa respuestas de miedo; tras experimentar un trauma, activa la alarma de forma desmedida ante estímulos triviales y hace percibir que siempre se está en peligro. Por esta razón, aparece la hiperalerta, que lleva a sobresaltarse ante pequeños ruidos y a vigilar el entorno en tensión y con extrema sensibilidad. Por el contrario, la función de la corteza prefrontal, encargada de la regulación emocional y la función cognitiva, tiende a disminuir. Si esta zona no opera adecuadamente, resulta difícil inhibir la excesiva respuesta de miedo de la amígdala, lo que puede elevar la ansiedad o la impulsividad. Además, se reporta una reducción de tamaño o una disminución funcional del hipocampo, responsable de la memoria. El hipocampo organiza el contexto y el flujo temporal de los sucesos para almacenarlos como recuerdos generales; sin embargo, el recuerdo del trauma es tan intenso que no pasa por el procesamiento normal del hipocampo, tendiendo a fragmentarse o a guardarse como memorias sensoriales vívidas. De ahí que se experimenten pesadillas o reviviscencia, donde las sensaciones y emociones de aquel momento reviven con crudeza. Esa es la razón por la que se siente como si el evento pasado estuviera ocurriendo de nuevo ante los ojos. El eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, sistema de respuesta al estrés de nuestro organismo, también desempeña un papel clave. Ante situaciones de estrés extremo, este eje HPA se activa y libera la hormona del estrés, el cortisol; no obstante, en el PTSD crónico, la secreción de cortisol tiende a alterarse de manera anormal. En algunos casos se secreta en exceso provocando ansiedad e insomnio, mientras que en otros disminuye la capacidad de responder al estrés, intensificando la apatía o la depresión. Que el Donguibogam afirme que el miedo daña el riñón puede verse estrechamente relacionado con esta perturbación crónica del eje HPA. Significa que la energía fundamental y las funciones reguladoras del cuerpo han sido dañadas. Estos cambios en el cerebro y en el sistema hormonal conducen a un desequilibrio de neurotransmisores. La noradrenalina, que amplifica la ansiedad y el miedo, tiende a secretarse en exceso, mientras que la serotonina, que regula el ánimo y el bienestar, tiende a escasear. Asimismo, al deteriorarse la función calmante del ácido gamma-aminobutírico, puede perpetuarse un estado en el que el cerebro se excita con facilidad y le cuesta sosegarse. Sin embargo, lo esperanzador es que nuestro cerebro posee una notable neuroplasticidad. Es decir, mediante un tratamiento y esfuerzos adecuados, es posible reorganizar las redes cerebrales y recuperar sus funciones. Aunque no se pueda borrar por completo el recuerdo doloroso del pasado, se puede ayudar al cerebro a cambiar la forma en que gestiona ese recuerdo y a almacenarlo separándolo de la situación segura presente. Al igual que el Donguibogam buscaba serenar el espíritu vacilante para recuperar la paz, la medicina moderna ofrece un camino para restaurar el equilibrio del cerebro y del cuerpo y recobrar la serenidad vital. Por eso es vital un abordaje integrador que ayude a la recuperación profunda y no se limite a suprimir los síntomas.

2 métodos que puedes poner en práctica ahora mismo
cuando la ansiedad le sobrecoja o antes de acostarse, siéntese en un lugar tranquilo. Coloque una mano sobre el pecho y la otra sobre el abdomen; inhale despacio por la nariz sintiendo cómo su vientre se expande como un globo. Al exhalar, expulse el aire lentamente por la boca dejando que el abdomen se desinfle. Con solo repetir esto durante 5 minutos, podrá notar cómo se sosiega el nervio simpático sobreactivado y se estimula el nervio parasimpático, relajando cuerpo y mente. Si lo practica con constancia, será de gran ayuda para calmar el circuito del miedo en el cerebro.
cuando el recuerdo del trauma irrumpa de pronto o sienta desconexión de la realidad, es necesario un ejercicio que le arraigue en el aquí y ahora. Consiste en percibir el entorno mediante los cinco sentidos: 5 cosas que pueda ver (colores, formas, etc.), 4 cosas que pueda oír (sonidos), 3 cosas que sienta en la piel (el tejido de la ropa, la temperatura, el tacto del asiento), 2 cosas que pueda oler (aromas) y, por último, 1 cosa que perciba con el gusto (tragar saliva, la sensación de la lengua). Al enfocar cada uno de los sentidos, facilitará notablemente que el cerebro se desvincule del recuerdo pasado y retorne al presente. No es complicado, así que pruébelo cada vez que lo recuerde.

恐則傷腎而神不安, 驚則氣亂而神搖動.
El miedo daña el riñón e inquieta el espíritu, y el susto desordena el qi y hace vacilar el espíritu.
Analizamos el 'Donguibogam' de Heo Jun, Memoria del Mundo de la UNESCO, utilizando ciencia de datos moderna e IA. Nuestro objetivo es reinterpretar la sabiduría de la medicina tradicional oculta en textos antiguos para adaptarse a los estilos de vida de las personas modernas ocupadas y transmitirla de una manera fácil de entender.
Precaución (Descargo de responsabilidad): Este contenido tiene como objetivo proporcionar información de salud basada en la literatura histórica y no puede reemplazar el diagnóstico y tratamiento médico. Si tiene algún problema de salud, consulte a un especialista.