Al interpretar el concepto de 'flema-humedad' del Donguibogam desde la perspectiva médica moderna, descubrimos que abarca no solo un líquido espeso, sino diversos desequilibrios fisiológicos del organismo. Cuando el tinnitus y el vértigo se presentan simultáneamente, la medicina moderna suele sospechar de un problema en el oído interno, en particular la hidropesía endolinfática, característica de la enfermedad de Menière. En el interior del oído se alojan la cóclea y el órgano vestibular, responsables de la audición y el equilibrio, los cuales conservan un delicado balance de líquidos en un espacio aislado del exterior, manteniendo la presión osmótica entre la endolinfa y la perilinfa.
Sin embargo, cuando la producción y absorción de la endolinfa fallan debido al estrés, la fatiga, enfermedades autoinmunes, reacciones alérgicas o trastornos circulatorios, la endolinfa se acumula en exceso hinchándose como un globo de agua. Este aumento de presión en el oído interno comprime las células sensoriales y los nervios circundantes, provocando una disfunción que se manifiesta como plenitud ótica, tinnitus y sensación de vértigo. Este estado puede interpretarse como la manifestación de la 'flema-humedad' del Donguibogam en forma de fluidos estancados dentro del oído interno.
Asimismo, la 'flema-humedad' no solo se refiere a la retención de líquidos, sino que está estrechamente ligada a la 'inflamación crónica de bajo grado' causada por la acumulación de mediadores inflamatorios y desechos metabólicos. La dieta occidentalizada, el sedentarismo, la falta de sueño y el estrés crónico favorecen la acumulación de estas sustancias inflamatorias, las cuales dañan las células endoteliales vasculares, aumentan la viscosidad sanguínea y provocan un trastorno de la microcirculación. Los delicados nervios y vasos sanguíneos del oído interno reaccionan ante el menor daño, reduciendo su función. Una circulación sanguínea deficiente disminuye el suministro de oxígeno y nutrientes al nervio auditivo y al nervio vestibular, dificultando la eliminación de desechos y tornando las células nerviosas vulnerables o hipersensibles, lo que empeora el tinnitus o el mareo.
Por otra parte, el estrés crónico provoca un desequilibrio del sistema nervioso autónomo. La hiperactividad del nervio simpático induce vasoconstricción, lo que disminuye el flujo sanguíneo hacia el oído interno y genera un círculo vicioso que intensifica el tinnitus y el mareo. El desequilibrio de corticosteroides también influye en el metabolismo hídrico corporal y en la respuesta inflamatoria, generando síntomas similares a los de la 'flema-humedad'. En conclusión, la 'flema-humedad' puede entenderse como una metáfora del deterioro general del estado físico, donde convergen el desbalance en el metabolismo de fluidos corporales del oído interno, los trastornos de la microcirculación, la inflamación crónica y la disfunción autonómica. Así, los acúfenos y el mareo no conciernen únicamente al oído, sino que son una llamada a revisar la salud integral de todo el organismo.