Desde la perspectiva de la medicina moderna, la flema-humedad descrita en el Donguibogam puede interpretarse como un concepto abarcador de múltiples desequilibrios fisiológicos complejos. No alude simplemente a un problema en el metabolismo hídrico, sino que puede considerarse conectada con las causas de diversos trastornos actuales como la inflamación sistémica, el síndrome metabólico, la disfunción mitocondrial y el desequilibrio del eje intestino-cerebro. Que nuestro cuerpo se sienta pesado, adolorido y sin fuerzas por causa de la flema-humedad guarda una estrecha relación con un estado inflamatorio crónico.
Cuando las sustancias inflamatorias se acumulan en exceso en el organismo, mediadores como las citocinas viajan por la sangre a todo el cuerpo, induciendo fatiga. Es como si una pequeña brasa ardiera sin cesar en el interior del cuerpo, consumiendo la energía. Esta inflamación crónica incrementa la resistencia a la insulina, lo que puede causar dificultades en el control de la glucemia. Los bruscos ascensos y descensos, conocidos como pico de glucemia, son una de las principales causas de la somnolencia posprandial y la letargia. Así como la disminución de la función de bazo y estómago mencionada en el Donguibogam se vincula con la indigestión, en la medicina moderna puede relacionarse con la disbiosis intestinal, es decir, el síndrome del intestino permeable. Al deteriorarse la salud intestinal, disminuye la tasa de digestión y absorción, y a través de la barrera intestinal ingresan sustancias nocivas al torrente sanguíneo, lo que intensifica aún más la inflamación sistémica. Esto repercute también en las funciones cerebrales, pudiendo generar niebla mental, caracterizada por déficit de concentración y deterioro de la memoria.
Asimismo, el concepto de la flema-humedad como humedad estancada en el cuerpo puede entenderse como una anomalía en el metabolismo hídrico del organismo. El edema y el trastorno de la circulación linfática están estrechamente ligados al proceso de acumulación de desechos corporales y líquidos innecesarios. En particular, una enfermedad endocrina como el hipotiroidismo reduce la tasa metabólica, vuelve pesado el cuerpo, incrementa la fatiga y causa un fenómeno de retención de líquidos, manifestando síntomas semejantes a los de la flema-humedad. El síndrome de fatiga adrenal también acarrea fatiga crónica, letargia y disminución de la inmunidad debido a las alteraciones en la regulación del cortisol provocadas por el estrés continuo, lo cual coincide con la visión de la medicina tradicional coreana según la cual la flema-humedad consume la vitalidad. Además, que la flema-humedad impida tener la mente despejada puede relacionarse con un desequilibrio de los neurotransmisores cerebrales. Los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina desempeñan funciones clave en el estado de ánimo, la concentración y el sueño; un estado inflamatorio crónico o un desequilibrio metabólico alteran su síntesis y utilización, generando desánimo, letargia y déficit de concentración. Por otra parte, las mitocondrias actúan como las centrales energéticas de nuestro organismo; al presentarse una disfunción mitocondrial, no se genera energía por más que se descanse, experimentándose una fatiga extrema. En definitiva, la flema-humedad del Donguibogam va más allá de una simple retención de líquidos: puede interpretarse como una perspicaz formulación de nuestros antepasados para describir un síndrome sistémico originado por la interacción de factores complejos característicos de la vida moderna, tales como la inflamación crónica, el trastorno metabólico, el desequilibrio hormonal, el deterioro de la salud intestinal y las alteraciones de los neurotransmisores. Por ello, es esencial no ignorar las pequeñas señales que emite el cuerpo y revisar los propios hábitos de vida desde una perspectiva integral.