Estimados lectores, aunque la explicación sobre el 'triple calentador' del Donguibogam pueda sonarles algo abstracta, si la interpretamos con el lenguaje de la medicina moderna, guarda una asombrosa similitud con las alteraciones que experimenta nuestro 'sistema nervioso autónomo'. El sistema nervioso autónomo es, literalmente, el sistema que regula de forma involuntaria todas las funciones corporales sin intervención de nuestra voluntad. Día y noche realiza tareas esenciales para la preservación de la vida, tales como los latidos cardíacos, la respiración, la termorregulación y el mantenimiento de la presión arterial. Este sistema nervioso autónomo se divide en dos grandes ejes: el 'nervio simpático' y el 'nervio parasimpático', los cuales guardan un equilibrio semejante a un subibaja para conservar nuestro cuerpo en condiciones óptimas.
El nervio simpático se activa primordialmente en situaciones de tensión, excitación y actividad, elevando la frecuencia cardíaca, induciendo vasoconstricción y movilizando energía, tal como un vigilante preparado para emergencias. Por el contrario, el nervio parasimpático adquiere predominio en momentos de relajación, descanso y digestión, disminuyendo la frecuencia cardíaca y dilatando los vasos sanguíneos para que el cuerpo descanse y almacene energía, de modo similar a una enfermera que reconforta a un cuerpo exhausto.
Sin embargo, al llegar el climaterio, en el cuerpo femenino se reduce de forma abrupta la hormona llamada 'estrógeno'. Este estrógeno no interviene únicamente en los órganos reproductores, sino que ejerce un impacto directo sobre centros autonómicos como el hipotálamo. Si los niveles de estrógeno se tornan inestables, el centro termorregulador del hipotálamo se vuelve vulnerable a fallos. Los sofocos menopáusicos, en los que el rostro, el cuello y el pecho arden de repente, y los sudores nocturnos constituyen síntomas habituales, originados por la inestabilidad en la función vasomotora del sistema nervioso autónomo cuando los vasos sanguíneos se dilatan y se contraen de forma repentina.
Asimismo, el desequilibrio del sistema nervioso autónomo no se limita solo a problemas de termorregulación. Cuando el nervio simpático se encuentra en hiperactivación, pueden presentarse palpitaciones, aumento de la presión arterial, declive de la función digestiva y tensión muscular que genera rigidez en hombros o cuello. Manifestaciones ligadas al 'calor ascendente' como ansiedad, inquietud, insomnio y sensación de opresión en el pecho se pueden considerar consecuencias de dicha hiperactivación del nervio simpático. El sueño interrumpido durante las noches, la irritabilidad fácil ante detalles menores y la aparición de un ánimo depresivo forman parte de este mismo cuadro.
En cambio, el entumecimiento o la frialdad en las extremidades propios del 'frío inferior' pueden originarse por diversas causas, pero también ocurren cuando la circulación sanguínea periférica se ve entorpecida debido a una disfunción en la vasoconstricción y vasodilatación gobernadas por el sistema nervioso autónomo. Cuando existe una vasoconstricción excesiva, la sangre tibia no llega de manera suficiente hasta las puntas de manos y pies, produciendo sensación de frialdad y destemple. Además, el sistema nervioso autónomo influye en la secreción de cortisol, la hormona del estrés; el estrés crónico perturba aún más al sistema nervioso autónomo, instaurando un círculo vicioso que empeora los síntomas del climaterio.
En conclusión, si en el Donguibogam el triple calentador era el concepto que regía el qi y el equilibrio global de nuestro organismo, en la medicina moderna podemos decir que el sistema nervioso autónomo es el sistema clave a cargo del equilibrio al regular todas las funciones fisiológicas inconscientes. Síntomas como el 'calor superior y frío inferior' durante el climaterio son señales contundentes con las que este sistema nervioso autónomo advierte: 'estoy exhausto'. Por ello, es necesario prestar atención a estos avisos y poner en marcha acciones para recobrar el equilibrio.