Al conocer el concepto de 'parásitos' del Donguibogam, ¿no le vienen a la mente las nociones de 'microbiota intestinal' y 'disbiosis intestinal' de la medicina moderna? Resulta admirable comprobar cómo nuestros antepasados, en una época en la que ni siquiera se conocía la existencia de los microorganismos, tuvieron la agudeza de discernir los problemas generados por estos diminutos seres dentro del cuerpo.
En la actualidad, con dietas occidentalizadas y el estrés constante, muchas personas padecen sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado o disbiosis intestinal. En particular, el intestino delgado es un lugar donde normalmente debería haber muchas menos bacterias que en el estómago o en el intestino grueso. Sin embargo, por diversas razones, las bacterias que deberían permanecer en el intestino grueso sufren un reflujo hacia el intestino delgado, o bien se produce una proliferación anormal y excesiva de bacterias en este tramo; esto es precisamente el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado.
Este exceso de bacterias en el intestino delgado fermenta de forma prematura los carbohidratos o azúcares que consumimos. Durante este proceso se genera una enorme cantidad de gases innecesarios, como hidrógeno o gas metano, que se convierten en los principales causantes de la distensión abdominal, eructos y flatulencias frecuentes, pesadez y, en casos más severos, dolor en el epigastrio o dolor abdominal. Además, al apropiarse las bacterias de los nutrientes, nuestro organismo queda privado de absorber lo que realmente necesita y se daña la mucosa del intestino delgado, lo que puede desencadenar el síndrome del intestino permeable. Cuando la barrera intestinal se vuelve permeable, toxinas y sustancias inflamatorias la atraviesan y pasan a la sangre, pudiendo provocar una respuesta inflamatoria sistémica o convertirse en causa de una enfermedad autoinmune. Llegados a este punto, quizá comprenda de pronto: '¡Por eso me sentía siempre con tanto cansancio y malestar!'.
Las causas del sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado son muy diversas. Puede surgir por una menor secreción de ácido gástrico debida al consumo de fármacos como un antiácido, por una disminución de la motilidad intestinal a causa del estrés que facilita el reflujo ascendente de bacterias, por lentitud en el tránsito intestinal debida a ciertas enfermedades, o por dietas ricas en azúcares y alimentos procesados que agravan el cuadro. En el intestino delgado opera una especie de sistema de limpieza denominado complejo motor migratorio, encargado de empujar los restos de comida y las bacterias hacia el intestino grueso; no obstante, el estrés y una alimentación irritante pueden entorpecer su funcionamiento.
Asimismo, el intestino está tan estrechamente conectado con el cerebro que se le conoce como el 'segundo cerebro'. La disbiosis intestinal no solo genera síntomas en el aparato digestivo, sino que también puede influir en manifestaciones neuropsiquiátricas como decaimiento anímico, ansiedad o déficit de concentración. Esto se debe a que los neurotransmisores y metabolitos generados por la microbiota intestinal influyen de forma directa en la función cerebral. Al observar todo esto desde la perspectiva de la medicina moderna, cobra aún mayor claridad la sabiduría intemporal que encerraba el término 'parásitos' en el Donguibogam. No debemos olvidar que la alteración del equilibrio provocada por los seres diminutos de nuestro cuerpo ejerce un impacto enorme en la salud de todo el organismo.