Estimados pacientes, ¿han experimentado alguna vez zumbidos en los oídos, mareo o una sensación de oídos tapados después de tomar un medicamento? Estos síntomas no son una simple coincidencia; pueden ser una señal importante de que sus oídos están siendo dañados por fármacos ototóxicos. Fármaco ototóxico es el término general para aquellos medicamentos que ejercen un efecto tóxico sobre las delicadas células ciliadas o el nervio auditivo en los órganos internos de nuestro oído, a saber, la cóclea y el órgano vestibular, provocando pérdida auditiva o mareo.
Más medicamentos de los que solemos pensar poseen ototoxicidad, entre los cuales destacan los siguientes tipos:
En primer lugar, cierta clase de antibióticos: los aminoglucósidos. La gentamicina y la tobramicina pertenecen a este grupo y se utilizan principalmente para infecciones graves. Estos medicamentos pueden dañar directamente las células ciliadas de la cóclea, causando pérdida auditiva permanente o tinnitus. Asimismo, afectan al órgano vestibular encargado del equilibrio, lo que puede provocar mareo intenso y parestesia del equilibrio.
En segundo lugar, entre los diuréticos, se encuentran los diuréticos de asa potentes como la furosemida. Estos fármacos aumentan el volumen de orina regulando el transporte de iones en el riñón; sin embargo, si se usan en exceso, pueden provocar una hipofunción temporal de la estría vascular de la cóclea, causando pérdida auditiva reversible o tinnitus. Afortunadamente, en la mayoría de los casos suele haber recuperación tras suspender el medicamento.
En tercer lugar, los muy familiares antiinflamatorios no esteroideos y la aspirina también pueden manifestar ototoxicidad si se toman en dosis altas o durante períodos prolongados. Estos medicamentos provocan alteraciones en el flujo sanguíneo del oído o interfieren con la función de la cóclea, ocasionando tinnitus o hipoacusia temporales. Muchas veces los síntomas mejoran al reducir la dosis o suspenderlos, por lo que no hay necesidad de preocuparse en exceso.
En cuarto lugar, ciertos fármacos anticancerígenos utilizados en el tratamiento del cáncer, como el cisplatino, poseen una ototoxicidad muy potente. Estos medicamentos pueden dañar gravemente las células ciliadas externas y provocar una hipoacusia de altas frecuencias permanente e irreversible; el riesgo de daño aumenta en proporción a la dosis y a la duración del tratamiento.
El daño auditivo causado por estos fármacos ototóxicos no se debe solo a la toxicidad del fármaco en sí, sino a la interacción de múltiples factores de riesgo. Una dosis elevada, el uso prolongado, la hipofunción del riñón (retraso en la excreción del fármaco), la presencia previa de hipoacusia, la edad avanzada, el uso simultáneo de varios fármacos ototóxicos y los factores genéticos pueden incrementar el riesgo de lesión. Cuando se sospechen estos síntomas, es fundamental consultar con un profesional para evaluar ajustes o alternativas al fármaco y proteger la salud auditiva mediante un diagnóstico adecuado, como una audiometría. Así como el Donguibogam advertía sobre la toxicidad de los medicamentos y recalcaba un consumo prudente, la medicina moderna también se enfoca en cuidar la salud general del paciente vigilando de cerca los efectos adversos que se ocultan tras los beneficios de cada fármaco.