Estimados lectores, ¿han experimentado distensión abdominal, gases o alternancia entre diarrea y estreñimiento a pesar de tomar bacterias del ácido láctico de forma constante? 😔 Quizá se trate del sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. La medicina moderna aconseja consumir bacterias beneficiosas para la salud intestinal, pero a veces más no siempre es mejor.
En nuestro intestino habitan cerca de 100 billones de microorganismos. Estos se distribuyen entre bacterias beneficiosas, bacterias nocivas y bacterias neutras, conformando un ecosistema complejo. No obstante, surgen problemas cuando estas bacterias no permanecen en su sitio y proliferan en exceso, sobre todo en el intestino delgado. En condiciones normales, el intestino delgado alberga una cantidad de bacterias mucho menor que el intestino grueso, y se mantiene limpio gracias al ácido gástrico, la bilis, la enzima pancreática y la crucial función de limpieza del complejo motor migratorio.
Sin embargo, el estrés, el uso de antiácido, la hipomotilidad intestinal y ciertas patologías como diabetes, hipotiroidismo o enfermedad de Crohn pueden debilitar el complejo motor migratorio, propiciando que las bacterias del intestino grueso experimenten un reflujo hacia el intestino delgado o proliferen allí de forma excesiva. Estas bacterias proliferadas de manera anormal fermentan los carbohidratos ingeridos, generan gases excesivos como hidrógeno y metano, lesionan la mucosa intestinal, causan inflamación e interfieren con la absorción de nutrientes. Esto puede desencadenar distensión abdominal, dolor, flatulencias frecuentes, diarrea, estreñimiento e incluso pérdida de peso o deficiencia de vitaminas en casos severos.
Aquí radica el vínculo con las bacterias del ácido láctico. La mayoría de los productos comerciales con bacterias del ácido láctico contienen cepas orientadas a la salud del intestino grueso. Estas cepas pueden asentarse excesivamente en el intestino delgado, o bien ciertos prebióticos pueden servir de alimento a las bacterias presentes en dicho tramo, agravando el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. De hecho, algunas personas con sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado experimentan un empeoramiento de sus síntomas tras consumir probióticos. Esto ocurre cuando se aporta un exceso de ciertas bacterias en un contexto en el que la microbiota intestinal ya ha perdido su equilibrio.
El encéfalo y el intestino se comunican estrechamente a través de una red neurológica y endocrinológica llamada eje intestino-cerebro. La disbiosis intestinal no solo genera problemas digestivos, sino que también influye en la función cerebral, el sistema inmunitario e incluso el estado anímico. Por ello, se sabe que el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado guarda una estrecha relación con diversos trastornos sistémicos como el síndrome del intestino irritable, la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica. La medicina moderna reconoce hoy al intestino como un segundo cerebro y considera el entorno intestinal un pilar central de la salud integral, más allá de ser un simple órgano digestivo. Por consiguiente, se recalca que, en lugar de tomar bacterias del ácido láctico de manera indiscriminada, resulta prioritario un diagnóstico preciso del estado intestinal y un abordaje personalizado.