En la medicina moderna, los síntomas similares a los descritos como cólera morbo en el Donguibogam se diagnostican como gastroenteritis aguda o diarrea del viajero. Estos síntomas suelen ocurrir principalmente cuando diversos microorganismos como bacterias, virus y parásitos penetran en nuestro aparato digestivo. Especialmente en los viajes, la probabilidad de exponerse a nuevos tipos de microorganismos a los que no estamos acostumbrados aumenta notablemente. El patógeno externo del que habla el Donguibogam se puede entender precisamente como los microorganismos patógenos de la medicina moderna.
Cuando nuestro cuerpo detecta a estos invasores externos, asume inmediatamente una postura de defensa. Las células mucosas del intestino delgado y del intestino grueso promueven la secreción de agua y electrolitos para expulsar las bacterias y toxinas invasoras, e incrementan de forma abrupta el peristaltismo intestinal. En este momento, nuestro organismo activa el nervio parasimpático dentro del sistema nervioso autónomo, intensificando la motilidad intestinal. En este proceso se producen ruidos intestinales, diarrea líquida y frecuente, e incluso vómitos en casos severos. Es idéntico a un ejército movilizado en perfecto orden para expulsar rápidamente al enemigo de un campo de batalla. Se trata de una respuesta inmunitaria totalmente natural mediante la cual el cuerpo intenta protegerse a sí mismo.
Además, la perspectiva del Donguibogam que enfatizaba la armonía de la energía conecta de manera sorprendente con la teoría del eje intestino-cerebro desde el punto de vista neuroendocrinológico moderno. El desfase horario, la fatiga, la tensión generada por un entorno desconocido, así como la expectativa y la ansiedad ante nuevas comidas durante un viaje, pueden actuar como estrés para nuestro cerebro. El cerebro secreta hormonas del estrés como el cortisol, las cuales influyen directamente en la motilidad del intestino y en la permeabilidad intestinal. Cuando la permeabilidad intestinal aumenta, las bacterias nocivas o las toxinas pueden penetrar con facilidad en el flujo sanguíneo, lo que a su vez sobreestimula la respuesta inmunitaria y puede desencadenar diarrea o empeorar los síntomas. Por esta razón, las personas con intestinos sensibles o vulnerables al estrés sufren con mayor facilidad malestar por cambio de agua en los viajes.
Asimismo, el equilibrio del ecosistema microbiano en el intestino, es decir, el microbioma intestinal, es muy importante. Un intestino normalmente sano mantiene el equilibrio gracias a diversas bacterias beneficiosas que suprimen la proliferación de bacterias nocivas. Sin embargo, al consumir alimentos desconocidos o tener hábitos alimentarios irregulares durante un viaje, este equilibrio microbiano se rompe con facilidad. Cuando predominan las bacterias nocivas, se provoca una respuesta inflamatoria, se daña la mucosa intestinal, disminuye la función digestiva y de absorción, y se produce diarrea. La expresión del Donguibogam sobre cuando la energía dentro del cuerpo pierde la armonía capturó con agudeza este desequilibrio de la microbiota intestinal.
En conclusión, la diarrea del viajero va más allá de un simple malestar estomacal; es un fenómeno integral en el que el complejo sistema defensivo de nuestro cuerpo, el eje intestino-cerebro y el entorno de la microbiota intestinal reaccionan a los cambios externos. Debido a que todos estos elementos actúan de forma orgánica haciendo sonar la alarma de nuestro cuerpo, ante la aparición de síntomas es más importante que nada escuchar las señales corporales y brindarse el descanso y cuidado adecuados.