En efecto, es así. Muchos de los conceptos sobre los problemas originados por el enfriamiento del bazo y estómago descritos en el Donguibogam pueden explicarse con claridad desde la medicina moderna. En especial para quienes tienen un intestino sensible. Nuestro intestino funciona como un segundo cerebro estrechamente conectado con la cabeza mediante un delicado sistema nervioso denominado eje intestino-cerebro. El propio intestino cuenta con un sistema nervioso entérico que regula desde la digestión y la absorción hasta la respuesta inmunitaria.
¿Por qué los alimentos fríos o el exceso de verduras crudas tienden a provocar diarrea?
En primer lugar, por la disminución de la actividad de las enzimas digestivas. Las enzimas digestivas de nuestro cuerpo actúan con mayor eficacia en un entorno cálido similar a la temperatura corporal. No obstante, al ingresar alimentos fríos, la temperatura del estómago y del intestino desciende temporalmente, reduciendo la función de cada enzima digestiva. Al final, los alimentos bajan al intestino sin haberse descompuesto adecuadamente, y el intestino los reconoce como cuerpos extraños, intentando expulsarlos con rapidez.
En segundo lugar, por las alteraciones en la motilidad intestinal. El estímulo frío influye en la contracción del músculo liso del intestino. Aunque en algunas personas puede ralentizar la motilidad intestinal, en personas con un intestino sensible puede provocar una peristalsis excesiva y acelerar la diarrea. Esto se asemeja a cómo nos encogemos ante el agua fría; el intestino reacciona con una contracción inesperada.
En tercer lugar, por la relación con el síndrome del intestino irritable. Muy común en la actualidad, el síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional en el que se repiten dolor abdominal, diarrea y estreñimiento sin que existan inflamaciones específicas ni anomalías estructurales. Quienes padecen este trastorno presentan una sensibilidad intestinal anormalmente elevada, por lo que perciben cantidades normales de gas intestinal o movimientos digestivos como una molestia extrema. En particular, las verduras ricas en un exceso de fibra y ciertos carbohidratos conocidos como FODMAP (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables), tales como la cebolla, el ajo, el brócoli o la coliflor, son fermentadas con rapidez por la microbiota intestinal, produciendo un exceso de gas. Este gas distiende la barrera intestinal y estimula el sensible nervio entérico, convirtiéndose en el principal causante de dolor abdominal y diarrea. Es una situación paradójica en la que verduras saludables pueden transformarse en un factor perjudicial para un intestino sensible.
En cuarto lugar, por la disbiosis intestinal. Ingerir de golpe grandes cantidades de fibra o consumir con frecuencia verduras crudas y frías puede alterar drásticamente el entorno de la microbiota intestinal. Como resultado, se rompe el equilibrio entre bacterias beneficiosas y bacterias nocivas, debilitando la función de la barrera intestinal y desencadenando una respuesta inflamatoria que incrementa aún más la sensibilidad del intestino. La ciencia moderna demuestra una vez más que el concepto de bazo y estómago del Donguibogam iba más allá del simple aparato digestivo, constituyendo una visión integral que explicaba el impacto global de los alimentos en nuestro cuerpo.