Al dar vueltas en la cama toda la noche, el cuerpo duele más y la mente se agota; son muchas las personas que sufren este círculo vicioso. El Donguibogam contempla este dolor crónico y el insomnio como un 'estado donde se ha roto el equilibrio corporal'. Más allá de limitarse a que duele la espalda o no se puede dormir, entiende nuestro organismo como un pequeño universo. Nuestro cuerpo está conectado de manera orgánica, por lo que si una parte duele, es natural que las demás también se vean afectadas. Como suelo explicar, cuando cualquier parte del cuerpo se bloquea o desestabiliza, termina emitiendo señales.
En la medicina tradicional coreana se describe el dolor como dolor por obstrucción (bultongjeuktong), es decir, 'si no fluye, hay dolor'. Cuando se obstruye la circulación de qi y sangre surge el dolor, y este a su vez crea un círculo vicioso que vuelve a entorpecer el flujo de qi y sangre. En particular, el dolor lumbar guarda una estrecha relación con el qi de riñón. El riñón almacena la energía fundamental del cuerpo y se encarga de fortalecer los huesos y la región lumbar. Al trabajar hasta altas horas de la noche y sufrir estrés, el qi de riñón se debilita, empeora el dolor lumbar y esto tiende a derivar en insomnio. Esto ocurre porque, en un estado de agotamiento energético, al cuerpo le resulta difícil descansar por completo.
Asimismo, el Donguibogam consideraba que dormir no es un simple acto de reposo, sino un período crucial para restablecer el equilibrio del yin y el yang en el organismo. Al ponerse el sol, el yin se fortalece y llega el momento en que el cuerpo descansa y se purifica; sin embargo, si el dolor es intenso, el yang qi se exacerba de manera excesiva e impide conciliar el sueño. Al presentarse un estado de calor superior y frío inferior, donde la cabeza se calienta y los pies se enfrían, la mente se satura de pensamientos desordenados y surge la situación en la que, aun con fatiga física, el sueño no llega. Es comparable a que el sol brillara intensamente en plena noche: un estado en el que se ha quebrado el ritmo natural del cuerpo.
La persistencia de este dolor también afecta el espíritu de nuestro cuerpo. Aquí, el espíritu no alude únicamente a la mente, sino a un concepto amplio que rige la vitalidad y las funciones de la vida. Si el espíritu se desestabiliza, conciliar el sueño se vuelve más difícil; y si no se duerme, la sensibilidad al dolor aumenta tanto que ante el menor estímulo se siente un gran padecimiento, tal como si nervios hipersensibles dominaran todo el cuerpo.
Para cortar este círculo vicioso de dolor e insomnio, el Donguibogam consideró prioritario favorecer la circulación de qi y sangre y recuperar el equilibrio del yin y el yang. Mediante la acupuntura y la moxibustión se desbloquean el qi y sangre estancados, y a través de la materia médica se tonifican las partes con deficiencia-frío del organismo y se regulan los excesos para potenciar la capacidad natural de sanación. Estimular los meridianos y los puntos de acupuntura constituye un método muy sabio que facilita la comunicación fluida de todo el cuerpo, reduciendo el dolor y ayudando a dormir plácidamente. Conviene entenderlo no como la simple atención al sitio que duele, sino como un esfuerzo por resolver el desequilibrio global del cuerpo que origina dicho dolor.